Una empresa sueca desarrolló una manera de disponer de los cuerpos de los muertos de forma que no compromete al medio ambiente, congelan los cadáveres en nitrógeno líquido y  usan ondas sonoras para hacerlos estallar y convertirlos en polvo. Seguidamente, al “polvo” se le saca el agua dentro de una cámara de vacío, y se separan los metales. Y voilá.

La empresa se llama Promession y el método de secar los restos humanos por congelamiento lo inventó en 1999 la bióloga sueca Susanne Wiigh-Mäsak. Exactamente hablando, la receta es:

  1. Congele el cuerpo a –196 ºC.
  2. Coloque el ataúd con el fallecido en un pozo de nitrógeno líquido, y deje que el objeto se convierta en algo frágil.
  3. Exponga al ataúd y al fallecido dentro de este a una vibración sonora ligera que los desintegrara hasta convertirlos en polvo.
  4. Pase un imán para producir un campo magnético sobre las cenizas, con el objeto de separar el mercurio y otros metales.
  5. Coloque los 30 kilos de polvo que quedan, dentro de una caja hecha a partir de almidón de maíz y papa.
  6. Entierre la caja no muy lejos de la superficie, para que el polvo se convierta en material orgánico, lo cual tomará unos 6 meses. Luego puede sembrar un árbol allí, para que acabe de absorber los nutrientes.

Avanza la sociedad y con ella las formas de enterrar a nuestros muertos. Desde un inicio los muertos simplemente se pudrían en la superficie, luego los pasamos a enterrar bajo tierra (según la cultura), y ahora también tenemos los nichos con varios pisos de altura. ¿Lo siguiente?

Me llama la atención lo de plantar un árbol, el surgimiento de vida gracias a la finalización de otra.